Palimpsesto de Escondido

Valle oculto, ciudad visible

En valle de nombre oculto,
la historia guarda su ley;
fue rancho, polvo y virrey,
y un sol primero, no adulto.

Antes del mapa y su culto,
Alta California, grey;
otra lengua, otro buey,
y el tiempo, juez, no indulto.

Luego la línea del norte
puso su firma en la tierra;
mas no clausuró la sierra:
solo mudó el nombre al corte.

Que no es la patria una suerte
de una bandera que encierra:
México y States, misma sierra,
dos pulsos, un mismo fuerte.

Creció el suburbio: avenida,
luz de neón, lote y prisa;
y el valle, con nueva risa,
hizo del cambio su vida.

Mas bajo asfalto, escondida,
late la antigua cornisa;
y el pasado, sin premisa,
da a lo presente medida.

Comercio, abrazo, familia:
pan compartido y camino;
cada destino vecino
teje su propia vigilia.

No hay “pureza” que concilia
sin el otro, su destino;
somos puente, no divino:
una común maravilla.

Y si en mi voz se entrelaza
Deutsch con inglés, sin ruido,
es por saber que Escondido
vive en plural, no en una casa.

Heimat no rompe la plaza;
la ensancha, ya compartido:
un mañana sostenido
por dignidad que no pasa.


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